Adolescencia, identidad y dignidad: una mirada psicológica ante el fenómeno “therian”
- Mari Pleités

- 24 feb
- 3 Min. de lectura

Por Mari Pleités
En los últimos años ha surgido con mayor visibilidad el término therian, utilizado por algunos adolescentes para describir una identificación simbólica o interna con un animal.
Antes de reaccionar con miedo o burla, necesitamos comprender algo esencial desde la psicología del desarrollo:
La adolescencia no es una crisis sin sentido.
Es una etapa de construcción profunda de identidad.
El psicólogo Erik Erikson explicó que la tarea central de esta etapa es resolver el conflicto entre identidad vs. confusión de roles. El adolescente se pregunta:
¿Quién soy?
¿Dónde pertenezco?
¿Cómo me defino frente al mundo?
En ese proceso, el lenguaje simbólico es frecuente. No todo símbolo es una ruptura con la realidad. A veces es una forma de expresar lo que aún no se puede nombrar con claridad emocional.
El lenguaje simbólico en la adolescencia
El psiquiatra Carl Jung explicó que el ser humano utiliza símbolos para expresar contenidos internos profundos. En la adolescencia, cuando las emociones son intensas y la identidad aún está en formación, el símbolo puede convertirse en refugio y narrativa personal.
Cuando un joven dice:
“Me siento como un lobo”
No necesariamente está negando su humanidad. Puede estar diciendo:
• Me siento protector.
• Me siento solo.
• Me siento diferente.
• Necesito fuerza.
La clave psicológica no es la etiqueta, sino el significado.
¿Cuándo es parte del desarrollo y cuándo es alerta?
La psicóloga Jean Piaget describió que durante la adolescencia se consolida el pensamiento abstracto. Esto permite experimentar con ideas complejas, identidades, filosofías y narrativas personales.
Por eso, la exploración identitaria puede ser parte del desarrollo normal si:
✔ El adolescente sabe que biológicamente es humano.
✔ Mantiene funcionamiento académico y social adecuado.
✔ No hay deterioro emocional significativo.
Sin embargo, desde la psicología clínica sí existen señales de alerta:
• Aislamiento severo.
• Desconexión persistente con la realidad.
• Rechazo extremo hacia el propio cuerpo.
• Ansiedad o depresión marcadas.
• Deterioro académico abrupto.
Aquí el problema no es la identidad simbólica.
Es el malestar emocional subyacente.
El rol del docente: firmeza con dignidad
El educador no está llamado a diagnosticar ni a ridiculizar.
La psicóloga Carol Dweck ha demostrado cómo el entorno educativo influye en la construcción de la autoimagen del estudiante. La reacción del adulto puede fortalecer o fracturar el desarrollo emocional.
El docente debe:
• Mantener serenidad profesional.
• Separar identidad de conducta.
• Intervenir solo si hay interferencia académica.
• Derivar a orientación cuando exista deterioro funcional.
• Proteger el clima del aula evitando burlas.
El aula no es un escenario de confrontación ideológica.
Es un espacio de formación integral.
El rol de los padres: autoridad serena y vínculo seguro
El psicólogo John Bowlby, creador de la teoría del apego, demostró que los adolescentes necesitan una base segura desde la cual explorar el mundo.
Esa base segura se construye con:
✔ Presencia.
✔ Escucha.
✔ Límites claros.
✔ Afecto firme.
Algunas recomendaciones prácticas para padres:
1. No ridiculizar ni humillar.
2. Escuchar antes de corregir.
3. Validar la emoción sin reforzar desconexiones de la realidad.
4. Mantener normas y responsabilidades.
5. Observar cambios emocionales significativos.
La identidad no elimina la estructura.
La estructura brinda seguridad.
La dignidad no depende de una etiqueta
Desde una visión integral de la persona, la dignidad no se pierde por una etapa, una moda o una exploración simbólica.
La dignidad es inherente.
La adolescencia es transitoria.
La persona permanece.
El desafío no es combatir etiquetas.
Es fortalecer identidad sólida.
No estamos llamados al pánico cultural.
Pero tampoco a la indiferencia ingenua.
Estamos llamados al discernimiento.
Acompañar no es aprobar todo.
Corregir no es humillar.
Educar no es imponer, pero tampoco abdicar.
Nuestros adolescentes no necesitan adultos escandalizados.
Necesitan adultos firmes, serenos y profundamente humanos.
Porque cuando la identidad se construye con acompañamiento sano, no necesita refugiarse en extremos.
— Mari Pleités




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